A estas alturas, hacer un artículo de opinión relacionado con la crisis actual es poco original. No hay mañana que nos levantemos donde esta palabra no aparezca. Cada vez somos más conscientes de que “la crisis” no es la campaña promocional de una película comercial que nos quieren hacer tragar sí o sí, sino que es real, que afecta a nuestras amistades, nuestras familias y a nosotros mismos.
Y eso mismo es lo que me pasa ahora a mí. Después de meses oyendo la palabra “recortes”, ésta ha encontrado la puerta para entrar en el lugar donde trabajo. Pero no me entendáis mal, no escribo este artículo para haceros pena. Lo que quiero hacer constar es que te marchas de un puesto de trabajo (sea voluntariamente o por la fuerza) sabiendo que nadie te sustituirá y que nadie hará el trabajo que has estado haciendo tú.
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| Mireia Siles Planas
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Quizás penséis que soy una exagerada o peor aún, una persona demasiado responsable, preocupándome por ello. “Total, si te echan, allá ellos”, puede pensar alguien. Bueno, quizás si la “película” fuera otra sí lo podría pensar, pero el hecho es que después de 6 años trabajando en el mismo lugar y teniendo en cuenta la situación de crisis (mira, ya ha salido dos veces la palabra), las cosas se ven de otra manera.
En 2006 empecé a trabajar en SIDA STUDI, una ONG que trabaja en la prevención del VIH, como bibliotecaria ayudando en las tareas del Centro de Documentación y Recursos Pedagógicos de VIH/sida, una biblioteca especializada de referencia y única por sus características en el Estado español. 2 años más tarde, me encontré compaginando esta tarea con mi “antigua” profesión, la de periodista, asumiendo también la comunicación de la entidad.
Mi trabajo durante estos años en materia de comunicación ha sido un camino lento y empinado para una ONG pequeña y tan especializada como la nuestra, pero apasionante por el reto que suponía. No nos hemos marcado grandes objetivos ni metas muy ambiciosas sino que, como las hormigas, hemos ido haciendo, poco a poco, pero lo más importante es que se ha caminado y se han obtenido resultados.
Desgraciadamente, aún hoy hay muchas entidades que no apuestan por un responsable de comunicación, por una figura profesional que gestione toda la información interna y externa. “No tenemos dinero”, “es más importante atender a las personas que salir en la foto”, “tenemos una persona voluntaria muy apañada que se encarga de todo”, “no vale la pena hacer noticias porque los medios de comunicación no nos hacen caso y cuando lo hacen siempre es para criticarnos “. Estas y muchas otras frases sirven en muchos casos para justificar esta falta de responsables de comunicación en las ONG. Una falta que, por otra parte, perjudica a todo el sector cuando en la sociedad aparecen voces en contra de la tarea que llevan a cabo las entidades no lucrativas porque no se ha hecho pedagogía (no se ha explicado) quiénes somos y qué hacemos.