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09 marzo 2015

MEBASERET

Esta palabrita preciosa y bien sonante significa en hebreo “mensajera de buenas noticias” y aparece en el anuncio de Isaías que leemos al empezar el Adviento: “Súbete a un monte alto, mebaseret de Sión, alza tu voz, no temas…” (Is 40,8). A los traductores les fastidia ese femenino intempestivo: ¿qué hace una mensajera ocupando el espacio de un mensajero y usurpando una tarea que, por su trascendencia, solo puede corresponder a varones? Suelen despachar el asunto traduciendo mebaseret por “heraldo” y argumentan con ese tono irónico al que ya estamos acostumbradas las mujeres cuando pedimos lenguaje inclusivo: “Entonces, ?qué queréis que ponga?: ¿heralda? ¿heraldisa?…”
Dejando de lado con magnanimidad tales minucias, vamos al asunto: poner en relación a la mebaséret con el 8 de Marzo, Día internacional de la Mujer. ¿Hay buenas noticias que anunciar a quienes nos disponemos a celebrarlo? Sin consultar a las activistas de Femen, no sea que se presenten iracundas con la parquedad de ropa que las caracteriza, he encontrado unas cuantas buenas noticias  en recientes declaraciones del papa Francisco y las traigo aquí por si colaboran a alegrarnos el día:
“Las muchas formas de esclavitud, la comercialización y la mutilación del cuerpo de las mujeres, exige que nos comprometamos con la derrota de estos tipos de degradación, que las reducen a meros objetos que son comprados y vendidos”.
Por Dolores Aleixandre

20 enero 2015

A DOLORES ALEIXANDRE: El piso de abajo

Leo esta semana una breve meditación de Dolores Aleixandre, religiosa y escritora como aquella santa abulense cuya gloria celebra este año la Iglesia católica al cumplirse quinientos desde su nacimiento. Anda la mujer, cuyo paso por mi vida recuerdo con gratitud, preocupada y esperanzada de consuno. Preocupada como todo el que se hace una pregunta que sabe, de antemano, sin respuesta y se la hace, por ello, en voz alta, a ver si todos nos la hacemos también y, con ella o sin ella, tratamos de adivinar la respuesta que nos oculta el tiempo: "¿y si desaparecemos?".
Y aquí viene la esperanza, ¡cómo no!, a nuestro encuentro, esa esperanza que un creyente traduce siempre en plegaria. Nos invita, entonces, Dolores a subir con ella "al piso de arriba", como los primeros discípulos de Jesús que, viéndose desvalidos, esperaron "en la habitación de arriba" a que llegara el Espíritu Santo.
Por Víctor Márquez

13 enero 2015

¿Y SI DESAPARECEMOS?

Reconozco haberme hecho esa pregunta alguna vez presionada por las circunstancias: cuando entré en el noviciado en los años 60 éramos 7.000 en mi Congregación y ahora estamos en 2.000. Resulta inevitable hacer un cálculo elemental con su pregunta correspondiente: si en 50 años somos 5.000 menos y se mantiene la misma tendencia en un futuro próximo: ¿cómo gestionar esta disminución alarmante al menos en países del Norte? ¿seguiremos existiendo dentro de 50 años?
Una vez enfrentado la pregunta, ya de por sí dura de formular en alto, y después de reflexionar sobre ella con más gente, lo que voy a decir no tiene nada de teórico y lo comparto por si puede ayudar a quienes estén en situaciones parecidas o aún más graves.
Una escena bíblica me sirve de punto de partida: el rey Ezequías cayó enfermo, el profeta Isaías fue a visitarle y le espetó en un alarde de delicadeza pastoral: “-Haz testamento porque te vas a morir”. Ezequías entonces se volvió de cara a la pared y se puso a rezar y a llorar (Is 38,1-8). 
Por Dolores Aleixandre

01 octubre 2014

AMIGOS

Los sabios de Israel decían cosas cargadas de razón -que para eso eran sabios- y al tema de los amigos le dedican sentencias fantásticas: “Al amigo fiel tenlo por amigo; el que lo encuentra, encuentra un tesoro; un amigo fiel no tiene precio ni se puede pagar su valor; un amigo fiel es un talismán…” (Eclo 6,16); “Amigo nuevo es vino nuevo: deja que envejezca y lo beberás” (Eclo 9, 10); “En toda ocasión ama el amigo, el hermano nace para el peligro” (Pr 17,17)…
A la hora de contar historias de amistades, ahí están Rut y Noemí, nuera y suegra, que lo tenían difícil para ser amigas: no coincidían ni en edad, ni en patria, ni en lengua, ni en cultura, ni en religión. Pero eran viudas sin hijos y emigrantes sin un céntimo y se las apañaron para establecer entre ellas un precioso vínculo de complicidad y cooperación. Tejieron entre las dos una sagaz trama en torno a Booz, un soltero ya madurito y con posibles; él terminó por enamorarse de Rut, la cosa acabó en boda y nació un niño que iba a ser nada menos que abuelo de David.
Por Dolores Aleixandre