He oído tantas veces eso de que la red es un altavoz.
Yo mismo creo haberlo dicho en alguna ponencia, conferencia o curso
que, de vez en cuando, he ido impartiendo donde se me ha requerido.
Normalmente se dice por la capacidad de la red para amplificar aquello
que, de otra manera, pasaría desapercibido. La Iglesia misma nos anima a
estar en la red dando voz a aquellos que no la tienen y poniendo el
foco en los más desfavorecidos, en las pequeñas heroicidades de tantos,
en las situaciones y lugares que no interesan a los grandes medios de
comunicación.
El problema de los altavoces en manos de tantos, y
tan diversos, es que cada uno lo usa para amplificar aquello que le
interesa y, evidentemente, acaba propagándose aquello que no resulta
deseable. Es verdad: hoy internet es también un terreno fangoso, difícil
de manejar, donde todo tiene cabida. Criminales, terroristas,
pederastas, organizaciones fraudulentas… ¡tantos encuentran en las redes
un terreno fértil para sus pretensiones!
Por Santi Casanova

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