12 septiembre 2014

Jóvenes y valores sociales: un estudio que parece revertir tendencias


Por José Miguel Nuñez

Fotografía tomada de la Revista 21
Es bueno no perder de vista la mirada sobre los jóvenes que, desde la atalaya de la sociología, nos indica tendencias y perspectivas de la realidad en la que están y estamos inmersos. Los estudios periódicos sobre la franja juvenil, desde diferentes instituciones, son una ayuda eficaz para el análisis y la intervención social de educadores y hermeneutas profesionales. Esta vez, el estudio “Jóvenes y valores sociales” presenta los resultados de una investigación capitaneada por Javier Elzo y realizada por el Centro Reina Sofía y la Fundación de Ayuda contra la drogadicción (FAD). Presentado hace unos días en Madrid, el presente estudio incide en el aspecto de los valores sociales y las prioridades vitales de los jóvenes entre 14 y 25 años en nuestro país y su desarrollo en la última década. He tenido la oportunidad de echar un vistazo a la investigación. No me parece encontrar resultados sorprendentes pero si interesantes desde el punto de vista educativo. Solo desearía hacer algún subrayado en estas pocas líneas. La tendencia de los valores finalistas, esos que configuran el marco de referencia para la conducta personal, ponen de relieve que están en alza los valores de compromiso colectivo. Los aspectos más relevantes para los jóvenes siguen siendo los que aparecían en encuestas precedentes: tener personas en las que confiar, tener buenas relaciones familiares o tener éxito en el ámbito profesional. Pero resulta sugerente que los valores que más se incrementan sean, precisamente, los referidos al compromiso social: cuidar el medio ambiente, respetar las normas o la preocupación por los otros son opciones prioritarias que parecen romper con otros tópicos atribuidos habitualmente a los jóvenes. Tal sensibilidad parece ratificarse en lo que se refiere a los valores morales: mayor comprensión hacia las situaciones que afectan a las personas individuales (aborto, parejas homosexuales, adopciones…) y mayor endurecimiento moral hacia las conductas que agreden al colectivo (robos, alborotos, engaños, actos vandálicos, fraudes…). Algo parecido observamos en las respuestas que se refieren a la imagen que tienen de sí mismos: los jóvenes proyectan una auto-imagen positiva de su realidad. En coherencia con las tendencias que hemos puesto de relieve, se definen responsables, honrados, trabajadores… y, aunque en menor medida, también solidarios y tolerantes. Aunque sin querer sacar conclusiones precipitadas ante los insuficiente del análisis en estas líneas, me parece que el estudio hace una lectura positiva de la realidad juvenil y nos ofrece elementos estimulantes para nuestra tarea educativa. Las tendencias de estos años corroboran una mayor disponibilidad de los jóvenes hacia el compromiso social y una creciente sensibilidad hacia el bien común. Es manifiesto el deseo de vivir con autenticidad la vida y contribuir a que las cosas vayan mejor para todos. Me parece muy potente el rechazo del egoísmo y del sambenito colocado a los jóvenes del “poco sentido del deber”. Un desafío ante una realidad alentadora que parece revertir tendencias tras estos años de crisis. Una oportunidad para los educadores empeñados en transmitir valores que ayuden a madurar personas en una realidad necesitada de ciudadanía libre, creativa y responsable. Un compromiso para acompañar personas y potenciar todo aquello que puede generar cambios sociales sin provocar rupturas violentas que acaben con el entendimiento o fracturen la convivencia. Desde este punto de vista, afirma Javier Elzo, los jóvenes españoles son más conservadores que antaño y más implicados en lo social de cuanto hubiéramos imaginado. Sea como fuere, bienvenida sea esta fotografía de la realidad juvenil con sus claroscuros y sus diferentes interpretaciones. Son una herramienta que permitirá seguir contrastando con el día a día nuestra acción educativa y – posiblemente – iluminar nuevos tramos del camino. 

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