Cuando se hace de noche y parece que el sol de septiembre deja de
ahogar Armilla, María y David reclinan los asientos de su coche para
fabricar una cama. Intentan evitar las miradas indiscretas y la luz del
amanecer parapetados por una lona que colocan sobre el vehículo, pero
eso le complica el sueño a la pareja. Con el paso de las horas el coche
se convierte en un auténtico invernadero y un insoportable calor se
queda a dormir con ellos.
«Los niños están con mis padres viviendo», cuenta David y explica que
gracias a ellos, sus hijos –de 8, 11 y 12 años– tienen un techo para
dormir y comida todos los días. Aunque la situación de los abuelos dista
de ser boyante, él explica que a su padre de 60 años lo echaron del
trabajo mediante un ERE. «No nos podemos ni duchar bien –relata su
mujer, María– hoy he tenido que ir a una gasolinera para poder asearme,
otras veces lo hago con botellas de agua». Estos dos vecinos de Armilla
llevan viviendo en la calle desde el domingo y están desempleados.
Por Laura Santacristina
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