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29 diciembre 2014

JEFE, ESCÚCHAME

No sabemos muy bien cómo, pero el hecho es que ahí estamos: metidos en un estilo de vida digamos complicadito: excesivas tensiones, mucha presión, demasiados frentes abiertos, innumerables fuegos que apagar, constantes tomas de decisiones, falta de tiempo, prisas, sobrecarga de estímulos que nos distraen de lo importante…
Así que no es extraño que en el estrépito de nuestra vida cotidiana, escuchar poco y mal se haya convertido en una epidemia. Una investigación del Departamento de Trabajo de EE.UU. indica que el 22% del tiempo que empleamos en el trabajo es para leer y escribir, el 23% para hablar pero solo el 5% lo empleamos en escuchar. 

El trabajo y la habilidad de escuchar
La escucha deficiente aparece en innumerables contextos profesionales, incluso en aquellos en los que, como el de la consulta médica, parece a todas luces imprescindible. Según los estudios de Beckman y Frankel, cuando los pacientes acuden a la consulta clínica, piensan en un promedio de cuatro preguntas, pero solo acaban formulando una o dos de ellas porque en seguida el médico les interrumpe. La primera interrupción tiene lugar, por término medio, ¡a los dieciocho segundos! Aún más: estos autores comprobaron que, en algunos casos, la primera interrupción del médico surgió a los cinco segundos y que solo el 20% de los pacientes pudo completar el relato de sus síntomas.
Por Arturo Merayo

17 noviembre 2014

ESCUCHAR

En el catecismo se decía que “orar es hablar con Dios” y mucha gente lo vive así. HABLAR. Sin embargo, en la anterior pista para orar decíamos que la oración es cosa de dos, Tú-yo. Luego no es un monólogo. En todo caso, si hablo en la oración, también tendré que permitir al Otro que lo haga. Eso es ESCUCHAR. Más que oír… oír con atención plena, acoger, ponerme en el lugar del otro, en la perspectiva del Otro. Escuchar implica una actividad, no es algo que ocurra naturalmente, como el oír, que afecta solo al sentido del oído.El apóstol Santiago dice en su carta que debemos ser “diligentes para escuchar, parcos en el hablar” (Sant 1, 19) y es un dicho popular que Dios nos dio dos oídos y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos…
 
ESCUCHAR es el primero de los sentidos de la espiritualidad cristiana, la actividad más propia del cristiano. Me resulta muy curioso que a Dios no se le pueda representar, no se le pueda “nombrar”, no se le pueda “ver” pero sí escuchar. Nos lo pide Él mismo.
La Biblia comienza con una Palabra: Hágase… y vio que todo era bueno… la creación acoge obediente esa palabra y empieza a existir. “La palabra del Señor hizo el cielo” (salmo 33, 6). Es el comienzo de una relación, una salida de sí buscando la comunicación con el ser humano. Dios quiere dirigirnos su Palabra, hablarnos de Corazón a corazón… así comienza el Libro que quiere no ser “leído” sino escuchado.
Por Consuelo Ferrús rmi