“Ea, pues, a trabajar mucho para
ganar el cielo”
Parece
tarea difícil encajar, unir, entrelazar las cartas de la M. Cándida (siguiendo
el orden) y el evangelio del domingo correspondiente. Podría parecer una tarea difícil
o casi imposible. Pero nada más lejos de la realidad. En estos 250 lunes que
llevo asomándome al rinconcito que me abrieron para colocar las perlas que iba
descubriendo en sus cartas, me ha ocurrido muchas veces. Y hoy se vuelve a
repetir.
A
trabajar para ganar el cielo. A trabajar. ¿Pero Señor, cómo? ¿Cómo se hace esto
si sólo me diste 2 talentos? Pues trabajando y confiando en quien te los ha
dado. Y probablemente no todo te salga bien, probablemente tengas momentos de
debilidad, de abandonar, de alejarte y creer que lejos de Él se vive mejor, pro
esto sería un error. Con lo que tenemos como don, tenemos que vivir, pero no
vivir de una forma arrastrada y con continuas quejas por lo que tengo o por lo
que podía tener. No nos vaya a pasar como a los que pasan su vida diciendo: si
tuviera lo que tiene ese…, sin mirar lo que cada uno tiene. No; hay que vivir
con la alegría de saber que por encima de ti hay un Dios Padre que nunca
abandona, que siempre está a tu lado, que jamás te dejará solo a pesar de nuestras
torpezas.
Se
trata de la parábola del buen servicio. Del mío y del tuyo. De hacer lo que
podamos, pero no menos, de dejarnos las manos gastadas por ayudar o por estar
disponibles para ayudar. Él nos da el aliento y la fuerza.
Hay
muchas personas que saben de esto. Hay muchas personas que hablan de esto, pero
hay otras que lo ponen en marcha. Una de esas personas que lo puso en marcha
con claridad es la M. Cándida. Con dudas, con miedos (imagino) pero llena de
una gran confianza se puso en marcha. Aparentemente con pocos talentos, pero
Dios fue llevándola de la mano y convirtiendo esos que les dio, en el doble.
Por eso al final de sus días le dijo: pasa aquí conmigo porque has ganado el
cielo.
¿Es
malo o egoísta querer ganar el cielo? No. Lo malo es querer ganarlo de forma egoísta.
Es malo olvidarnos del evangelio como camino y elegir el del cumplimiento como
vereda.
Pues
a trabajar, y sin peros, con confianza y hasta el último aliento.

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