“… gracias a Dios, nuestro asunto está terminado felizmente y está en
nuestro poder el deseado Decreto. ¡Cuánto nos quiere Dios!”
Después
de la tormenta siempre llega la calma. Después de las nubes siempre sale el
sol. Y así surgieron las cosas por Roma. Después de tantos días y tantos
contratiempos consiguieron el ansiado Decreto. Una nueva Congregación para
atender a tantos alumnos que después de tantos años se beneficiarán de ese
carisma.
Siempre
es bueno dar gracias a Dios y sentirse querido por Él.
Hoy
necesitamos razones para caminar. Mejor, necesitamos un para qué. Hay muchos
caminando sin saber su para qué, su fin, su razón. Quizá esa es la clave
interna de la M, Cándida, su motor, su vida. Y esa debería ser nuestra
pregunta: para qué vivo, camino, respiro. Para qué. Cuáles son mis razones para
bajar del ciruelo.
Quien
tiene un para qué vivir es capaz de soportar cualquier como (Nietzsche).
¿Para
quién son mis pasos?

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