10 noviembre 2014

CONSTRUIR SALIDAS

«Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo», decía el filósofo alemán Nietzsche. Ésa es una de las claves para vivir y, en ocasiones, sobrevivir. Muchas veces, la vida no se asemeja a una autopista, sino a un camino con sus curvas y baches. Una enfermedad grave, el divorcio de nuestros padres, vivir en un entorno hostil, sufrir maltrato, la muerte de algún ser querido…Problemas y dificultades surgen…no desaparecen por arte de magia aunque lo deseemos con todas nuestras fuerzas y… ¿cómo afrontarlos? Con los mismos condicionantes, unos hallan recursos para salir adelante, otros se quedan en el camino. La diferencia: la resiliencia, la capacidad para sobreponerse a situaciones adversas y al dolor emocional.  Una capacidad que no es innata, ni tampoco estática, permanente. Y que cada uno construye en función de sí mismo y de su contexto. Fomentarla, todo un reto, donde la educación también tiene cosas a decir. 


«Los niños también sufren y se deprimen. No sólo nos debería preocupar de ellos el rendimiento académico. La escuela debe aspirar a un desarrollo integral de la persona, y lograr un sano desarrollo socioemocional debería ser una prioridad en este enfoque», relata el doctor en Psicología  Evolutiva y profesor de la Universidad del País Vasco (UPV) Juan de Dios Uriarte, quien resalta, en declaraciones a Mater Purissima, que «la escuela incide en el comportamiento de los niños. Fomentar la resiliencia no es convertir a nadie en superhombre, tampoco hacerlo insensible o construir una coraza que le proteja de los demás. Sólo que a pesar de los problemas, es posible vivir en armonía consigo mismo y con los demás, disfrutar de una vida normal».

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