Han reunido firmas. Están indignados y quieren un cambio. Sí. Miguel y sus compañeros de colegio, todos ellos alumnos de Primaria, han ejercido sus derechos civiles. ¿Qué reclaman? “Que no vuelvan a poner acelgas en el comedor. Hemos hecho una votación y la mayoría opinamos o que están malas o que están asquerosas”.
Más allá de la sonrisa que provoca la anécdota, lo cierto y verdad es que Miguel y compañía han crecido estos días como ciudadanos. Y han demostrado haber aprendido varias lecciones interesantes: que no hay por qué callar cuando algo no nos gusta, que juntos tenemos más fuerza que por separado, que existen mecanismos democráticos para expresar la opinión e influir en las decisiones “políticas” (porque todo es política al final, aunque en este caso hablemos de un menú escolar). Y que uno no tiene por qué conformarse con lo que le ofrecen sin más.
Por Mª Ángeles López Romero

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