Ya hemos visto de manera fraccionada, pero consistente, que esto cambia a una velocidad de vértigo. El acceso a la información, que se produce de manera masiva cada segundo, lo comprobamos en la entrada anterior, la disponibilidad de dispositivos móviles de todo tipo y sus usos educativos, conforman un modo de abordar el aprendizaje cuando menos diverso al que estábamos acostumbrados.
La escuela (la Universidad) y los que en ella habitamos no podemos mirar hacia otro lado, precisamente porque estamos en un momento que nos permite recuperar de manera deicida y eficaz lo más valioso de la educación: las relaciones personales. Ahora los profesores, más que nunca, podemos ayudar a CADA uno de nuestros alumnos en su personal tarea de aprender y, casi con toda seguridad, habilitarlos para que nos superen.
Por Javier Tourón

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