A diferencia de la ciencia, que para analizar la realidad, divide la
materia en partes más pequeñas, y las va fragmentando conforme va
progresando en especialidades más y más penetrantes, la sabiduría, hasta
cuando recoge los múltiples conocimientos proporcionados por las
ciencias, los refiere siempre al centro donde ella se encuentra, al
nivel del espíritu, en la Inteligencia Espiritual (IES), más allá de la
Inteligencia Racional (IR). En ese lugar interior es donde la sabiduría
se desarrolla mediante un continuo trabajo de síntesis realizado gracias
a la luz divina.La sabiduría es
activa por su trabajo de reflexión y de asimilación a base de
experiencia, y contemplativa por su atención a la luz superior que la
preside.
El crecimiento de la sabiduría no se puede verificar, como el de la
ciencia, mediante exámenes y cálculos. Progresa por medio de una
maduración que se inserta en la duración vital, diferente al tiempo
mecánico; tiene sus etapas y sus estaciones, como los organismos vivos,
como crecen también las virtudes. La sabiduría se manifiesta a través de
su fecundidad cuando llega el tiempo, a través de la excelencia y del
sabor de sus frutos para quien sabe apreciarlos.
Por José Luis Vázquez Borau

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