Hoy,
más que nunca, es necesario volver al auténtico Evangelio. A ese
Evangelio al que la teología burguesa unas veces ha quitado el aguijón,
otras ha utilizado para consolidar intereses de clase, y muchas, con
buena voluntad y mucha ignorancia de la lengua, mentalidad y costumbres
orientales, ha interpretado exactamente en contra de lo que Jesús mismo
quiso decir. Y éste último es el caso de
una frase de Jesús que voy a comentar: “El que quiera ser mi discípulo
que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga”. Veamos cómo se
han interpretado estas palabras del Maestro.
A simple vista, la primera condición para ser cristiano -“negarse a sí mismo”- resulta extraña al hombre de hoy que tiene como meta de vida el placer. La sicología, con toda la influencia que recibe de Oriente, considera clave de la felicidad el polo opuesto: aceptarse a sí mismo. ¿Va Jesús en contra del deseo de felicidad y placer del hombre? Pienso que no.
A simple vista, la primera condición para ser cristiano -“negarse a sí mismo”- resulta extraña al hombre de hoy que tiene como meta de vida el placer. La sicología, con toda la influencia que recibe de Oriente, considera clave de la felicidad el polo opuesto: aceptarse a sí mismo. ¿Va Jesús en contra del deseo de felicidad y placer del hombre? Pienso que no.

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