Carta nº 238 Septiembre 1902
“… para que no confiemos más que en Dios, sin fiarnos de los hombres”
Último día de este
curso de mi camino con las perlas escondidas en esas cartas de la M. Cándida. Y
seguimos avanzando, no sin dudas, desánimos, alegrías y agradecimientos. Vamos,
como la vida misma. Y así seguiremos si Dios quiere el próximo curso.
Ahora
toca cierre y descanso, toca reponer
fuerzas y airear la ocupada mente en otras actividades y quehaceres.
Y,
como no podía ser de otra forma, la M. Cándida me ofrece la clave para iniciar
este periodo: “Antonio confía más en Dios que en los hombres”. Así lo haré,
porque así lo creo. Los hombres fallamos, y Dios nunca abandona y nunca
defrauda. Nosotros nos llenamos de buenas intenciones y después, a veces, sólo
nos quedamos ahí, en buenas intenciones. Sin embargo Dios siempre va por
delante, siempre con hechos.
Y
cada vez que vea atardecer, recordaré aquellas palabras que dicen “que Dios al
atardecer nos juzgará por el amor”. Y recordaré que tengo QUE SEGUIR CONFIANDO
EN Él por encima de todo.
Y
en este momento deseo a todos un feliz descanso, un tranquilo verano y un esperanzador
septiembre.


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