24 febrero 2014

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 220

Carta nº 220    Octubre 1901
“Dios es Padre de misericordia”

            Y si Dios es Padre de misericordia, nosotros tenemos que ser hijos de misericordia y hermanos de misericordia. No hay otra. Tenemos que ser gente de misericordia. Y cuando  escribo esto no puedo dejar de preguntarme: y esto ¿cómo se hace?

            No he tenido que buscar mucho. La respuesta la encontré ayer en el evangelio que nos cuenta Mateo allá por el capítulo 5. Amad, haced el bien, rezad. Algo tan sencillo y fácil de entender como eso. Somos testigos de Jesús resucitado sin olvidar que tuvo que pasar por la cruz y que es ese el signo  que nos identifica. Y ese signo es también el que nos reta.

            Somos del +, que es como una cruz pero igual en todos los lados. Somos del  +. Del + para la mejilla, del + para la túnica y del + para acompañar a caminar. Siempre se nos pide un + a los que nos llamamos cristianos. ¿Dónde está mi +? Y este reto es lento, la clave es no cansarnos de intentarlo. Aunque a veces nos pueda dar un poco de vértigo eso de “sed perfectos”, pero no podemos dudar, ese es el camino: superar lo que parece natural y lógico.

            Y si en ese camino desfallecemos… calma, porque nuestro juez, nuestro auditor no tiene ítems para buscar lo complicado, sólo tiene un ítem: el amor.

            Yo confío en ese Padre que de todos cuida muchísimo, en ese Padre que me mira con ojos de misericordia, porque esta palabra habla de corazón, de persona, no de datos fríos que no sirven nada más que para estadísticas.

            Dios es Padre de misericordia, y eso, como dice la M. Cándida, consuela. Y eso ayuda en el camino.


            

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