Carta nº 220 Octubre 1901
“Dios es Padre de misericordia”
Y
si Dios es Padre de misericordia, nosotros tenemos que ser hijos de
misericordia y hermanos de misericordia. No hay otra. Tenemos que ser gente de
misericordia. Y cuando escribo esto no
puedo dejar de preguntarme: y esto ¿cómo se hace?
No
he tenido que buscar mucho. La respuesta la encontré ayer en el evangelio que
nos cuenta Mateo allá por el capítulo 5. Amad, haced el bien, rezad. Algo tan
sencillo y fácil de entender como eso. Somos testigos de Jesús resucitado sin
olvidar que tuvo que pasar por la cruz y que es ese el signo que nos identifica. Y ese signo es también el
que nos reta.
Somos
del +, que es como una cruz pero igual en todos los lados. Somos del +. Del + para la mejilla, del + para la
túnica y del + para acompañar a caminar. Siempre se nos pide un + a los que nos
llamamos cristianos. ¿Dónde está mi +? Y este reto es lento, la clave es no
cansarnos de intentarlo. Aunque a veces nos pueda dar un poco de vértigo eso de
“sed perfectos”, pero no podemos dudar, ese es el camino: superar lo que parece
natural y lógico.
Y
si en ese camino desfallecemos… calma, porque nuestro juez, nuestro auditor no
tiene ítems para buscar lo complicado, sólo tiene un ítem: el amor.
Yo
confío en ese Padre que de todos cuida muchísimo, en ese Padre que me mira con
ojos de misericordia, porque esta palabra habla de corazón, de persona, no de
datos fríos que no sirven nada más que para estadísticas.
Dios
es Padre de misericordia, y eso, como dice la M. Cándida, consuela. Y eso ayuda
en el camino.
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