24 febrero 2014

La "hoja de ruta" de Francisco para España

Desde hoy, y hasta el 8 de marzo, los obispos españoles rinden visita a Roma. Una visita Ad Limina, normalmente rutinaria, pero que en esta ocasión se convierte en programática, pues apenas tres días después de la misa, la Conferencia Episcopal elegirá al sucesor de Antonio María Rouco Varela.

Se cierra una etapa en la Iglesia española, marcada por la lucha por el poder, la ligazón con una opción política muy determinada y una cierta obsesión por la moral sexual y familiar. Un año después de la llegada al solio pontificio de Francisco, España sigue siendo esa pequeña aldea gala, donde apenas han llegado brotes verdes de la tan ansiada primavera. Ya es hora de que llegue al fin la primavera. Y eso es lo que Francisco dirá a los obispos españoles desde hoy.
No habrá "lectura de cartilla". Hasta en eso ha cambiado este Pontificado. Bergoglio no quiere -no necesita- abroncar a nuestros obispos. Sabe desde hace tiempo que las cosas no funcionan, que echar la culpa al gobierno de turno, a la secularización, al laicismo, al Concilio... no sirve de nada. Que hay que ponerse manos a la obra. Y que necesitamos obispos "con olor a oveja". Y un gobierno eclesial sin tanta obsesión por la condena del pensamiento diferente.

Sabe también Francisco -porque ha preguntado, y no sólo a través del Arzobispado de Madrid o de la Nunciatura- que España cuenta con un Episcopado demasiado "fiel" a Rouco Varela, y un cuerpo sacerdotal -y de seminaristas- formado desde hace casi dos décadas en una teología de la resistencia. Esto es lo que más preocupa al Papa: que el relevo es más de dogmáticos que de pastores. Así, una de las cosas que primero cambiará será la formación en los seminarios. Teología, sí. Patrística también. Pero sobre todo pastoral.

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