1.1 La fe como respuesta al amor de Dios
En mi primera Encíclica expuse ya
algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes
teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del
apóstol Juan: “Hemos conocido el amor
que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4,16), recordaba que «no se
comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el
encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a
la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos
ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es solo un “mandamiento”,
sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro”
(Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal –que incluye todas
nuestras facultades– a la revelación del amor gratuito y “apasionado” que Dios
tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro
con Dios Amor no solo comprende el corazón, sino también el entendimiento: “El
reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra
voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto
único del amor.

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