En el año 1994, Francisco Castro Miramontes ponía fin a
una búsqueda interior iniciada algunos años antes, cuando era un
estudiante de Derecho en la Universidade de Santiago. Su primera
procesión como religioso la celebró en 1996 y, finalmente, el 4 de
octubre del 2000 participó en su procesión solemne y se convirtió en
franciscano de pleno derecho. Hoy es el rector del convento de la orden
en Santiago, una institución especialmente querida en la ciudad, tanto
por creyentes como por los que no lo son.
«Estaba acabando la carrera -explica- y pasaba
por una etapa de búsqueda, de reflexión. Me encontré también con el
Camino de Santiago como una experiencia fundamental en mi vida». Paco
fue un día Paquito, un niño compostelano de la rúa de San Pedro que,
desde siempre, había visto pasar por delante de su casa a cientos de
peregrinos que llegaban a la ciudad buscando algo. «Siempre me
preguntaba -dice- por qué tanta gente llegaba caminando desde tan lejos a
mi pueblo». La lectura le fue concediendo algunas respuestas. Y a los
dieciocho años, siendo un chaval, se lanzó a la ruta jacobea, primero
con unos compañeros y, al año siguiente, completamente solo.
Por Nacho Mirás Fole

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