Que tenemos un grave problema con el sistema financiero es evidente. Que
no se han tomado las medidas necesarias para modificar esa situación
también lo es. Necesitamos urgentemente que los poderes públicos ejerzan
su responsabilidad hacia el bien común tomando medidas para reformar en
profundidad el sistema financiero, protegiendo a la sociedad del enorme
peligro que representa la codicia sin límites del dinero, y para
orientar las finanzas al único objetivo que puede legitimar su
funcionamiento. Como dice Benedicto XVI en «Caritas in veritate»: «Se
requiere que las finanzas mismas, que han de renovar necesariamente sus
estructuras y modos de funcionamiento tras su mala utilización, que ha
dañado la economía real, vuelvan a ser un instrumento encaminado a
producir mejor riqueza y desarrollo. Toda la economía y todas las
finanzas, y no solo algunos de sus sectores, en cuanto instrumentos,
deben ser utilizados de manera ética para crear las condiciones
adecuadas para el desarrollo del hombre y de los pueblos» (CV,25).
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