Emilio Cuartero tiene 48 años y una familia que mantener. Por eso, confiesa en una emotiva entrevista que en cuanto vio la repercusión que tenía el vídeo, temió él mismo por el pan de sus dos hijos. Nadie de la empresa para la que trabaja le reprochó nada,
de hecho, los encargados de su departamento y jefes directos en el
servicio de recogida de basuras le dijeron que estaban encantados de
trabajar al lado de alguien tan optimista y alegre, cuyo espíritu se
contagia al segundo. «Si hace falta comer cáscaras de huevo, yo las
como, pero de repente me agobié porque pensé que la empresa podría
llamarme la atención y ver con malos ojos que yo me detuviese unos
instantes a cantarle a los niños», admite Emilio, quien durante 72 horas decidió «esconderse» y no volver a cantar ante la verja. Los niños se pusieron tristes -cotejó de inmediato la directora del centro- y echaron en falta al amable señor que les amenizaba los recreos cada mañana.
La historia final resultó ser justo la contraria. FCC se apresuró a dejar claro que quieren en su plantel a gente como Emilio, capacitado para su trabajo al tiempo que hace las delicias de sus compañeros y de los madrileños, como los alumnos del colegio Las Tablas de Valverde. Miles de personas han visto la actuación diaria de Emilio frente al colegio «Canto tan mal que de pequeño mi madre soltaba los trastos de la cocina y venía hasta el comedor para ver qué había pasado, qué había destrozado, y yo solo estaba cantando», dice una vez pasado el apuro el dichachero empleado municipal. El apodo por su extrema delgadez ha sido siempre el de «El Tiri», en su juventud, o «El Sequillo» entre sus compañeros del camión de limpieza, pero desde esta semana es inevitable que ya sea «Bob Esponja» para siempre.
La historia final resultó ser justo la contraria. FCC se apresuró a dejar claro que quieren en su plantel a gente como Emilio, capacitado para su trabajo al tiempo que hace las delicias de sus compañeros y de los madrileños, como los alumnos del colegio Las Tablas de Valverde. Miles de personas han visto la actuación diaria de Emilio frente al colegio «Canto tan mal que de pequeño mi madre soltaba los trastos de la cocina y venía hasta el comedor para ver qué había pasado, qué había destrozado, y yo solo estaba cantando», dice una vez pasado el apuro el dichachero empleado municipal. El apodo por su extrema delgadez ha sido siempre el de «El Tiri», en su juventud, o «El Sequillo» entre sus compañeros del camión de limpieza, pero desde esta semana es inevitable que ya sea «Bob Esponja» para siempre.
Emilio
supo de su propia fama (que no ha perseguido) a través de un telefonazo
madrugador de su cuñada, el pasado lunes a las 8.15: «Emilio, estás en mi Facebook»,
le comentó después de reconocerle «por la voz». Y él no le dio mayor
importancia, porque hacía dos o tres meses que le habían grabado
(desconoce si fue una profesora del centro o la madre de un alumno) y
nunca pensó en que aquel vídeo pudiese salir a la luz, ni colgarse en
YouTube ni ninguna otra cosa. A la segunda llamada de otro cuñado que le
alertó de que su vídeo estaba siendo compartido por cientos de usuarios
en la red social, se metió en su propio muro y se vio abrumado por
comentarios como «este tío es un crack, es la caña y es genial». Y sin
saber qué significa ser Trending Topic mundial en Twitter el primer día
en que los ciudadanos compartieron uno tras otro su «hazaña» ante los
niños, se agobió y pidió que se borrasen de inmediato esas imágenes. No lo consiguió. Y fue para bien.
¿Cómo surgió la idea de cantar frente a la verja?
«Veo más Bob Esponja que el fútbol porque mi hija Paula de 7 años se ha convertido en la dueña del mando.
Creo que hoy en día los que manejan las televisiones son los niños y no
los padres», afirma en tono jocoso. Y un hombre que se autodefine como
«muy espontáneo y bromista» llegó un día de hace años frente a la verja,
observó cómo el camión de la basura captaba poderosamente la atención
de los pequeños y lanzó un «¡Holaaaa!» al estilo de sus idolatrados «Fofito» o «Miliki».
Al comprobar la respuesta de los pequeños, comenzó a canturrear lo que
Paula tantas veces le había interpretado en casa. «Si vieras el
espectáculo que supone comprobar que cada día hay más y más niños
esperándome, contestándome, cantando... y esas caritas. Los niños son lo
más sano y lo más noble que hay, no te engañan. Si todo esto que ha
sucedido sirve para despertar a alguien una sonrisa, me alegro, pero yo
no soy importante, mi único objetivo era ver esas sonrisas inocentes de oreja a oreja. Eso sí que es una gozada», certifica Emilio.
Hoy
por hoy, Paula, su mujer, su familia... todos han felicitado a este
hombre a quien por unas horas la situación le «desbordó», que se vio
«superado» por un temor de perder su medio de vida y ahora se confiesa
«emocionado» y rebasado pero por lo opuesto, por la numerosísimas
muestras de afecto y los mensajes de anónimos que se dirigen a él desde
Estados Unidos, Guatemala, México, Perú... «Quiero dar mi agradecimiento
a todo el mundo», remata. Allá donde ha llegado el vídeo del
«barrendero Bob Esponja» de Madrid ha provocado lo mismo que causaba en
origen a los chiquillos: una sonrisa.
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