Dios no te preguntará por tu nivel de inglés, francés o alemán…
Dios te preguntará por tu nivel en el lenguaje del entusiasmo, del perdón, del amor.
Dios no te preguntará por tu destreza en resolver derivadas, ecuaciones, algoritmos o integrales…
Dios te preguntará por tu destreza en sumar sonrisas, restar penas,
multiplicar talentos y dividir intereses.
Dios no te preguntará por la fecha exacta de la Segunda Guerra Mundial,
de la caída del Muro de Berlín o de la Guerra Civil Española…
Dios te preguntará por el día y la hora exacta en que estés dispuesto
a escribir, con tu vida, una bella historia de paz, de amor, de fraternidad.
Dios no te preguntará por la generación del 27 o del 98…
Dios te preguntará por tus compañeros de clase o por tus amigos de botellón.
Dios te preguntará por tu nivel en el lenguaje del entusiasmo, del perdón, del amor.
Dios no te preguntará por tu destreza en resolver derivadas, ecuaciones, algoritmos o integrales…
Dios te preguntará por tu destreza en sumar sonrisas, restar penas,
multiplicar talentos y dividir intereses.
Dios no te preguntará por la fecha exacta de la Segunda Guerra Mundial,
de la caída del Muro de Berlín o de la Guerra Civil Española…
Dios te preguntará por el día y la hora exacta en que estés dispuesto
a escribir, con tu vida, una bella historia de paz, de amor, de fraternidad.
Dios no te preguntará por la generación del 27 o del 98…
Dios te preguntará por tus compañeros de clase o por tus amigos de botellón.

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