En el año en que recordamos el 50 aniversario del Concilio Vaticano II traemos a la memoria un texto que se dirigió a las mujeres: «Llega
la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en
plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia,
un peso, un poder jamás alcanzados hasta ahora. Por eso, en este momento
en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres
llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad
no decaiga» (Mensaje del Concilio a las Mujeres, 8 de diciembre de 1965).
Hoy, sin embargo, podemos denunciar que esa profunda mutación del papel de la mujer en la sociedad no se ha completado. Y, es más, está en peligro.
A los costes de la crisis económica que lleva instalada ya unos años
en toda Europa, y que está sacudiendo de manera agresiva a las clases
trabajadoras de nuestro país, hay que sumar el conjunto de políticas de
ajustes y recortes que, como los propios gobiernos afirman, sin ningún
pudor, están al servicio de los mercados. Queda por tanto abandonado
todo principio de dignidad hacia las personas, especialmente de las más
desfavorecidas y vulnerables. Y estos costes están recayendo de manera sangrante sobre las mujeres.
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