Se calcula que pueden ser unas 700.000 personas, la
mayoría mujeres, muchas de ellas extranjeras. Pero ninguna estadística
es capaz de reflejar con fidelidad la realidad de esta profesión
dominada por la economía sumergida. Son las empleadas domésticas, personas que limpian, planchan o cuidan niños o mayores en casas ajenas, y que hace tiempo que dejaron de ser una presencia exclusiva en los domicilios de las clases pudientes.
Precisamente para hacer aflorar ese dinero negro, el último consejo de Ministros del Gobierno de Zapatero aprobó un Real Decreto para que estos empleados domésticos se integren gradualmente en el Régimen General de la Seguridad Social.

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