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20 mayo 2015

Una imagen "HUMILDE" de la Compañía

Más de algún jesuita me ha sugerido que en nuestra imagen pública como orden religiosa, y ciertamente también de puertas adentro en ella, tendría que oírse una apelación mayor a la humildad. No para que otros la asuman, sino para que nosotros mismos la recuperemos. Se me indica que, de alguna forma, los jesuitas hemos de ganar cercanía a la versión de la humildad que san Ignacio esboza en los Ejercicios: aquella humildad que promueve en nosotros una transformación guiada sólo por un Cristo inapelablemente pobre, desprovisto de reconocimiento y sin más instrumento que el de la verdad (cf. Ej. 167). La Compañía se calificó a sí misma como mínima a los principios, pero para serlo siempre. El magis ignaciano es excelencia en el servicio a los otros por la vía de esa pequeñez, de ese estado permanente de humildad. Somos compañeros del Cristo verdaderamente desprovisto y precario que narran los Evangelios y nos está prohibido disimular y aguar Su humildad. Por si fuera poco, la humildad es la única capaz de recoger nuestra propia fragilidad y de incorporar nuestra incoherencia paradójicamente a nuestra vida apostólica para que así, y sólo así, sea fecunda.
Por Francisco José Ruiz Pérez sj
Foto de Ignasi Flores

03 diciembre 2014

Para conocer a Dios hay que ponerse de rodillas

«Si no hacen teología de rodillas, humildemente, como pequeños, no entenderán nada. Nos dirán tantas cosas, pero no comprenderán nada. Sólo esta pobreza es capaz de recibir la Revelación que el Padre da a través de Jesús, a través de Jesús. Y Jesús viene, no como un capitán, un general de ejército, un gobernante potente, no, no. Viene humilde, es manso, y ha venido para los humildes, para los mansos, a traer la salvación a los enfermos, a los pobres, a los oprimidos».  
Papa Francisco