28 marzo 2016

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 310

Carta nº 310     Febrero 1906
“Pero Dios lo ha dispuesto así; sea bendito para siempre, ella que tanto me ayudaba, me ayudará desde el cielo,”

            Esto es vivir la resurrección, creer y hablar de la resurrección como algo en lo que no tengo dudas. Así lo expresaba la M. Cándida en 1906. Primero confianza en Dios aquí y después saber que desde otra presencia también se puede ayudar. Pues claro que sí.

            Somos testigos del resucitado, del que nos quiere alegres y confiados en su palabra. Y ese es nuestro tesoro. Ese es nuestro carnet. No somos testigos ni actores de la muerte, de la destrucción. Somos testigos de la VIDA. Y en este camino aceptamos que Dios haya dispuesto algunas cosas de forma diferente a como nosotros las hubiésemos dispuesto. Y no pasa nada, al contrario, podemos decir que seguimos bendiciendo a nuestro Dios siempre porque Él sabe y quiere lo mejor para nosotros. Pero ojo con esto, porque lo mejor lo escribió en su evangelio, lo mejor no es, a veces, lo que otros hombres pueden intentar manipular y decirnos que eso es lo que Dios quiere.

            Se trata simplemente de confiar y vivir con esa confianza, con esa fuerza que te da el saber que nunca estás solo y que nadie te podrá arrebatar esa creencia. Bendecir a Dios y confiar en Él por encima de todo, a pesar de todo, incluso cuando aparentemente no tengamos evidencias. Como le ocurrió a los protagonistas de la siguiente historia:

            “Cierto día llegan dos exploradores a un rincón de la selva donde crecen armónicas flores y hierbas. El uno afirma: este orden significa que aquí tiene que haber un jardinero que al menos cuide de este rincón. Como el otro lo niega, para saber a qué atenerse montan guardia día y noche.
Pasa el tiempo, pero el jardinero no aparece. Entonces el primero insinúa que el jardinero es invisible pero existente. A fin de comprobarlo alzan una alambrada espinosa, encomendando a la vez la búsqueda olfativa a perros amaestrados. Todo en vano, nada denota la presencia del presunto jardinero, ningún grito, ningún movimiento, ningún susurro, nada; los perros, por su parte, guardan silencio. No dándose por vencido, el primero concluye: se trata de un jardinero invisible, intangible, indetectable, custodio secreto de su jardín.
Moraleja: la confianza no crea evidencia, pero deja abierta la posibilidad; la desconfianza sistemática produce campos fóbicos”

Después de mirar el árbol de la cruz. Decimos ¡¡¡Aleluya!!!! porque no buscamos entre los muertos al que vive como nos decía el evangelio de la Vigilia Pascual.


¿Qué hubiese ocurrido si la Semana Santa que hemos celebrado hubiese acabado en Viernes Santo? No lo sé, pero lo que sí sé es que hubo un acontecimiento nuevo: la resurrección y de ella y de su evangelio somos testigos. Porque hemos nacido para vivir. Porque somos alegres por ADN de cristianos.




No hay comentarios: