12 octubre 2015

Personaje de novela inspirado en Santa Cándida Mª de Jesús

Cuando solo quedan unos días para que se cumplan cinco años de la canonización de Cándida María de Jesús se nos presenta una oferta para revisitar su figura desde una perspectiva distinta a la que acostumbramos: la ficción literaria.

No es de extrañar que la fuerza del carácter de nuestra Madre Cándida acabara inspirando algún personaje de ficción, pues bien creo no equivocarme al afirmar que tenemos aquí un primer ejemplo.
El pasado mes de julio la editorial Sol de Sol publicó Seré tus ojos, una novela que sin duda va a dar que hablar en revistas y foros literarios en los próximos meses. La firma Álvaro J. Vizcaíno, un completo desconocido en el mundillo literario almeriense sin otra publicación previa conocida, por lo que aventuro que el impacto de su irrupción será aún mayor.

No pretendo hacer una crítica concienzuda en estas líneas necesariamente breves, sino más bien una humilde presentación, una recomendación y un aviso.

La mejor presentación de cualquier libro es, claro está, la impresión que sus primeras páginas nos causan (otra cosa será que esa primera impresión haga justicia, de una manera o de otra, a la calidad del libro; eso solo se devela una vez acabado este). Reseñas como esta solo pueden entenderse como reclamos a lectores, avisos a navegantes, faros en el litoral que invitan a los barcos a atracar en sus puertos.

Me gustaría que, además, esta se entendiera como lo que verdaderamente es: el impulso de querer compartir con quienes lean estas líneas los buenos ratos que Seré tus ojos a mí me ha proporcionado.

Desde este faro, aquí van unas cuantas ráfagas de luz:

Siendo como es una novela escrita bien comenzado el siglo XXI, no podemos, sin embargo, obviar que la novela de Álvaro Vizcaíno bebe de las fuentes del realismo español. La tradición literaria decimonónica se injerta en unas técnicas narrativas más actuales y ágiles que hacen florecer un texto en el que las descripciones de lugares y de personas son abundantes pero tremendamente útiles a la par que enriquecedoras.

Las acciones cada vez más complejas de los personajes, la progresión interior de los protagonistas y la creciente intervención de la voz narrativa ayudan a crear una atmósfera de continuo avance en cada una de las vías por las que discurre la historia.

A ello contribuye también una estructura bien definida en cuatro partes. En la primera, además de la esperada presentación de personajes, se da una circunstancia que no se va a volver a repetir en el resto de la novela: a pesar de la solemnidad que los personajes imponen a las diferentes situaciones, estas son salpicadas con una serie de anécdotas cómicas, graciosas, hilarantes, incluso, algunas de ellas. No están por azar, ni son una concesión del autor. Dejémoslo ahí. Las siguientes tres partes responden al desarrollo y conclusión de la trama.

Documentación

Uno de los deleites del lector avezado es la profusa labor de documentación en que se apoya el relato. La ambientación histórica es precisa sin hacerse pesada lo más mínimo. Por poner un par de ejemplos, diré que las explicaciones aportadas en torno al cultivo y recogida de la uva así como acerca de los usos y costumbres comerciales en el Ohanes de comienzos del XX son de una claridad expositiva que contrasta con su brevedad. Igualmente, en el capítulo en el que se narra el viaje a Madrid de Epifanio, las cuestiones relacionadas con los avances tecnológicos, en especial en lo tocante al funcionamiento de las locomotoras a vapor y al trazado de vías del ferrocarril, están perfectamente planteadas dentro de los diálogos y las disquisiciones que en ellos se producen. Unas veces abiertamente y otras de manera marginal pero siempre con un equilibrio prodigioso, toda esta información contextual tanto en lo histórico y cultural como en lo técnico e industrial se aporta en la medida justa y con gran habilidad narrativa.

Fe

No quiero dejar de hacer referencia a la importancia de la fe en Seré tus ojos. Su presencia y su ausencia en los personajes protagonistas marcan sus vidas. En este espacio lo pequeño se hace grande y en esa enormidad de lo humilde es donde se producen los milagros cotidianos que salpican la obra y que, como en la vida real, parecieran enmudecer ante los menos habituales pero, quizá por ello también más contundentes, dramas que sacuden las vidas de los personajes.

Mención aparte merece el estilo y el ejemplo que el autor toma prestado con tanto respeto como acierto de Santa Cándida Mª de Jesús, fundadora de las Hijas de Jesús, para uno de los personajes clave en la historia: Sor Asunción. La deuda que el autor, antiguo alumno del colegio Stella Maris de Almería, contrae con la santa de Andoain se hace visible en las cartas que se incorporan como parte imprescindible en la novela y en algún rasgo de la personalidad de esta religiosa. Quienes conozcan las cartas de Santa Cándida encontrarán en algunas de sus páginas auténticos guiños de complicidad. 
Para quienes ya hayan adquirido un ejemplar de la novela les adelanto que el primero de esos guiños lo pueden encontrar en la página 21 y que le hará sonreír.

Pero no es solo la fe de Asunción y de otros personajes como la niña Visitación el único rasgo de carácter, no solitario pero sí definitivo, que asoma en el texto. Junto a esta, otras virtudes y defectos salpican el relato: la humildad a ratos digna y a veces humillada de Epifanio, Isabel y Mercedes; la gravedad de don Eugenio; la suficiencia de Javier (aunque también su inmenso amor); la alegría interrumpida de Josefa; la expeditiva pedantería del sargento Antonio; la dolorosa ingenuidad de Mar; o la exquisita timidez de Aurora son solo algunas de las evidencias de personalidades construidas con realismo, poliédricas, con rasgos complementarios, en ocasiones incluso contradictorias, pero con un lado destacado reconocible.

Llegado este punto, y por si los haces de este humilde faro no han sabido hacer justicia a tan precioso puerto y usted, querido lector, no se ha sentido aún llamado a atracar su barco en él, me atrevo a lanzar la recomendación a la que hacía referencia al principio: deténgase, dedique tiempo a la novela. Tanto si esta es leída en un momento de descanso, como puedan ser unas vacaciones, o si se lee en los ratos libres del día a día, procure la concentración, déjese abrazar por la historia. Permita que delante de sus ojos lo sutil se cite con lo trágico y lo imperceptible con lo evidente, que lo cotidiano le sorprenda y le marque.

Y por último un aviso: como el lector ya habrá podido adivinar por todo lo dicho hasta aquí, a pesar de la agilidad del relato, de su facilidad de lectura y de su capacidad para atrapar al lector, esta no es una novela ligera. No tengo nada en contra de las novelas que lo son (he sido y aún soy un ávido lector de novela ligera o bestseller y guardo memoria agradecida de los ratos que me han proporcionado muchas de ellas), pero Seré tus ojos simplemente no lo es.

Tampoco se trata de un novelón con teorización filosófica ni un tratado ético y moral novelado, pero sí es justo advertir que no es este un puerto para turisteo de verano, sino más bien para sentir y apreciar, para dejarse cuestionar acompañando a cada personaje en esa cotidianeidad sobresaltada y puesta a prueba de Seré tus ojos.

Enlace a la web de la editorial

Enlace a la web del autor

Presentación de la novela en Madrid, en la librería Códice.
El próximo Viernes, 23 Octubre, 2015 -
A las 19:30
Calle Moratín,8

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