18 mayo 2015

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 276

Carta nº 276       Mayo 1904
“Siento lo que dice usted de la hermana Aurora. Dígale que la perdono todo.”

            Qué importante es el perdón para todas las personas, pero qué necesario es para los cristianos. Podemos sentir muchas cosas sobre el otro, incluso aun cuando tenga razón, pero siempre hay que perdonar y, como dice la M. Cándida, todo.

            Y esto cada vez parece más difícil. Nos enrocamos en nuestras razones y olvidamos que las del otro pueden llegar a ser tan buenas como las nuestras. Y sin embargo pretendemos imponer las nuestras antes que reconocer que estamos equivocados. E incluso descartamos una tercera vía: la de compartir razones y vivir con las razones de los dos.

            Ayer Marcos nos recordaba que tenemos que poner en marcha una nueva forma de hacer vida el Evangelio:
-         Acompañar
-         Curar
-         Anunciar estemos donde estemos
-         Utilizar una forma de hablar donde todos entiendan y en caso de duda, que  lo entiendan los más sencillos.
-         Conocer para compartir.
-         Abrir el corazón.
-         Dejar de fijarnos mucho en nuestra fe y ver la fe de los otros.

Porque la Ascensión no es huida, sino presencia viva, tal como debe ser nuestra vida. Y esa presencia, muchas veces, pasa por el perdón. Y ahí es donde duele, y ahí es donde debemos asumir el reto de crecer de verdad. Ahí es donde podemos confirmar nuestras palabras con nuestros signos.

Hoy pido perdón a todos los que haya podido herir. Pido perdón por las omisiones que haya podido cometer. Pido perdón por la falta de escucha ante las falsas prisas de la vida. Y sólo espero que sirva para provocar encuentros, abrazos, diálogos y paz.
           


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