Ella se hacía llamar a sí misma la "jefa" y su hermano mayor, Sheriff, a pesar de su nombre, no lo dudaba. Anne Marie tenía una viveza fuera de lo común para una niña de cinco años, especialmente para alguien que acababa de perder a su madre por el ébola,
o al menos eso creía ella. Su padre se encontraba en paradero
desconocido, aunque los cuidadores del centro de atención de Hawa
Massaquoi, a las afueras de Monrovia, susurraban discretamente que él
también había sucumbido a la mortal enfermedad, al igual que miles de
liberianos.
Estos niños estaban al borde de la orfandad, a punto de unirse a más de 4.000 niños huérfanos a causa del ébola que Unicef
estima que hay ahora en los tres países afectados: Liberia, Sierra
Leona y Guinea. En total, la OMS calcula que 13.500 personas han sido
infectadas y 5.000 han muerto, pero todos coinciden en que las cifras reales son, por lo menos, dos o tres veces mayores.
Por Sarah Crowe

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