Aunque Teresa e Ignacio fueron canonizados el mismo día, no se
conocieron personalmente. Sin embargo, desde el principio, le atrajo el
estilo y el modo de ser de los jesuitas. Ya desde el monasterio de la
Encarnación, en 1555, recién fundado el Colegio de san Gil por parte de
la Compañía, en Ávila, Teresa contactó con ellos. A lo largo de su vida,
la ayuda y el magisterio de los jesuitas serían decisivos para ella.
Hubo un enriquecimiento mutuo por parte de ambas espiritualidades. A
destacar el interés que tuvo siempre la santa por encontrar directores
espirituales jesuitas entre los que habría que enumerar a Diego de
Cetina, Prádanos y B. Álvarez; y para asuntos especiales solía consultar
a Francisco de Borja.
En 1982, con motivo del IV Centenario de la muerte de la santa, el P. Ignacio Iglesias, SJ escribió un artículo en la revista Manresa, titulado «Santa Teresa de Jesús y la espiritualidad ignaciana». En él, trazaba algunos puntos de contacto entre ambas espiritualidades. Podemos resumir así su interesante aportación:
Para ambos, la oración
está en la base de cualquier hacer. Los dos entienden también la
oración contemplativa como una experiencia gratuita que Dios regala a la
persona, que esta no produce. Para los dos, orar es quehacer de amigos.
«El coloquio se hace propiamente hablando así como un amigo habla a
otro…» (EE, 54). El «gustar internamente», «conocimiento interno» tienen también resonancias en las obras teresianas.
Por Ignacio Iglesias sj
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