Un día más se me satura la cabeza con las declaraciones de los líderes políticos y el termómetro que mide el estado de la economía en términos que sigo sin comprender, y que me resultan un tanto enigmáticos y hasta ficticios. Y así un día y otro… Y mi mente se siente náufraga en el mar de un mundo que se ha vuelto tempestuoso y agresivo.
Necesito refugiarme en una isla salvadora. No precisa ser un paraíso tropical, tan solo un lugar tranquilo en el que reposar el cuerpo y solazar el alma sin sobresaltos, sin crispaciones, sin prejuicios, sin miedos… sin desesperanza. Y se me ocurre bautizar a este lugar de utópica serenidad y tierna paz como ESPERANZA.
Necesito refugiarme en una isla salvadora. No precisa ser un paraíso tropical, tan solo un lugar tranquilo en el que reposar el cuerpo y solazar el alma sin sobresaltos, sin crispaciones, sin prejuicios, sin miedos… sin desesperanza. Y se me ocurre bautizar a este lugar de utópica serenidad y tierna paz como ESPERANZA.
Por Paco Castro Miramontes OFM

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