Brillan de conmoción los ojos de Georges Abou Khazen, franciscano, vicario apostólico latino de Alepo, que en los días pasados ha estado en Roma
para el encuentro con los otros obispos nombrados recientemente,
mientras cuenta los sufrimientos de la población en su ciudad y la
sensación de impotencia frente a la violencia que sigue imperando.
-¿Cómo es la vida diaria en Alepo?
-Es una existencia marcada por la precariedad. Antes de la guerra,
vivían en la ciudad 4 millones de personas; venían turistas de todo el
mundo; era una ciudad marcada por una importante actividad cultural;
encrucijada comercial de Oriente Medio, contaba con la presencia de
fábricas importantes, muchas de las cuales han sido saqueadas o
literalmente desmontadas en trozos por los rebeldes, que han vendido la
costosa maquinaria a Turquía. Primero se fueron los ricos, ahora se va
todo aquel que tiene posibilidad de hacerlo. Y la población está
aterrorizada por el hecho de que los milicianos del ISIS están a 20
kilómetros del centro de la ciudad. Estamos bajo asedio.
-¿Cómo viven los cristianos?
-Eran aproximadamente 200.000, una minoría pequeña, pero respetada.
Ahora casi el 60 por ciento se ha ido a otras zonas del país o al
extranjero. Las Iglesias de los distintos ritos proporcionan una gran
ayuda a la población, sin distinción de credo religioso.
Por Javier Alonso

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