«Yo sufrí las novatadas en septiembre y octubre de 2008. Tenía 18 años recién cumplidos. Nada más llegar, los veteranos te asignan un mote: escroto, aborto, nenuco...».
Así comienza a relatar su historia Alberto, un joven que vivió en
primera persona eso que los colegios mayores ocultan pero que es una
realidad: las novatadas.
El que fuera novato ahora colabora con las asociación No Más
Novatadas y recuerda cómo en las jornadas de integración se veía
obligado a tratar de usted a los veteranos y a dejarles las llaves de su
habitación del colegio mayor Mendel para que pudieran entrar por las noches siempre que quisieran.
Por Daniel Somolinos y Daniel Martín
Foto de Antonio Heredia

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