«Iglesia sin fronteras, madre de todos. Este es el lema para la Jornada eclesial del emigrante de 2015, escrito por el Papa, que en la Evangelii gaudium soñaba así : ¡Qué
hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e
integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo
factor de desarrollo! ¡Qué lindos los espacios que conectan, relacionan,
favorecen el reconocimiento del otro!
Estas palabras del Papa en la Evangelii gaudium no
parece que por ahora se puedan aplicar en algunos espacios fronterizos
de Ceuta y Melilla, lugares, no sólo geográficos sino humanos,
profundamente humanos. Y en donde últimamente nuestros hermanos
inmigrantes han sufrido en carne propia los efectos de la cultura del
descarte
Fotografías, vídeos, escritos tremendos y significativos. Me quedo
con uno de ellos. La fotografía del contraste: inmigrantes en la valla,
como espectadores inusuales de una partida de golf. Quizás es la foto
que he podido digerir mejor de estos días, pues con haber visto una
vez, solamente una vez, las otras fotos y los vídeos de algunas
expulsiones violentas donde la integridad física de mis hermanos era tan
maltratada, me bastaba sólo una vez. Como cuando veo cualquier escena
de maltrato. Cualquiera. Imágenes que nunca querría haber visto. Porque
ofenden incluso mi propia dignidad. La voz de los pobres en la Iglesia
que es Caritas -que no es una ONG solamente-, se ha unido a muchas
organizaciones humanitarias que han denunciado que, con las entregas de
estos días, se incumple la normativa vigente y los convenios
internaciones firmados por España, entre ellos el Convenio Europeo de
Derechos Humanos.
Por José Luis Pinilla sj
director de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española
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