En
ocasiones parece que estoy solo, que las cosas no salen bien. Caigo en
el pesimismo, la luz está lejos, la oración se hace árida y no termino
de verle sentido a mi día a día. Es ahí justamente donde el Señor emerge
con fuerza y me ayuda a comprender, que la mayoría de la gente no puede
elegir. Que hay gente que siente su vida como carga. Este es un buen
momento para sentirme frágil, débil y situarme delante de Jesús en la cruz para besar sus heridas y abrazar su dolor.
La cruz nos enseña que en el sinsentido, en la muerte, Dios emerge llenándonos el corazón de esperanza, de amor y confianza. Hoy el Señor me dice: "Te amo, eres precioso a mis ojos...".
¡Déjate amar por Él, desde tu fragilidad, y desde Él, besa las heridas del mundo!

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