Carta nº 243 Septiembre 1902
“Dios nuestro Señor lo remedie todo antes de que se reviente; usted no
deje de poner los medios para ponerse bien”
Recuerda, Señor, que tu
misericordia es eterna. Así dice el salmo de ayer y así lo creo. La
misericordia de Dios es eterna. Y nos enseña a caminar y nos corrige en ese
camino. Pero es eterna y es misericordia, y ante esto el corazón se ensancha,
se abre a poner nuestras manos al servicio de los demás y a confiar en Dios.
Y como dice la M. Cándida, no
dejemos de poner todo lo que sea de nuestra parte, como si todo dependiera de
lo que podamos hacer con nuestras manos, pero sabiendo que es Dios el que guía
nuestros pasos y puede remediar y remedia nuestros errores.
Este es el Evangelio que da
alas, ese que te hace ver la vida con ojos nuevos aunque algunas veces le
digamos: no quiero. Porque ¿de qué vale decir voy y luego no hacer nada? Pero a
pesar de todo, Dios nos sigue mirando con ojos de misericordia y nos vuelve a
decir que, a pesar de todo, podemos corregir, podemos cambiar, podemos hacer
algo, Y para ello sólo basta empezar.
Esa mezcla perfecta de oración
y acción es la que funciona, es la que hace a algunas personas importantes
dedicar su vida en África a los demás y acabar compartiendo la misma suerte que
ellos. Pusieron los medios para que muchos se pusieran bien y la enfermedad
acabó con ellos, prefirieron seguir ayudando, a pensar sólo en ellos. Y muchos
más que nos son desconocidos.
Y así vamos, y así nos luce el
pelo. Preocupados por qué hacer, preocupados por saber si está bien o no, si es
bueno lo que van a pensar, si tengo que pedir permisos, si …. Creo que, hay
veces que los condicionales nos condicionan tanto que nos aborregan o nos atan
como hacen con los elefantes desde pequeños. Hay que romper, hay que hacer, hay
que ayudar. No podemos consentir que nos digan que esto es de puertas para
adentro, que esto en lo que creemos sólo es para unos espacios concretos.
En muchas ocasiones me
gustaría saber que harían algunas personas (santos y santas) en mi lugar en
algo concreto, en situaciones confusas y en decisiones importantes. Pienso que
ayuda. Gracias M. Cándida por recordarme los dos pilares que deben soportar
parte de mi vida: oración y acción.
Muchas felicidades a todos los “Migueles y Miguelas”

No hay comentarios:
Publicar un comentario