Tengo un gran amigo a quien, cuando le preguntas con el formal “¿qué tal
estás?”, te responde -invariablemente-: “Muy bien, gracias a Dios”. Es
posible que su procedencia de un país latino, laico desde casi siempre
pero profundamente “religioso” en el más amplio sentido del concepto,
explique esa expresión, seguramente más habitual e inconsciente que
reflexionada y “teológica”. Lo cierto es que es agradable escuchar
muletillas de este porte, que tienen un arraigado y lejano enraizamiento
cultural desde siglos atrás. En España se han perdido estas fórmulas:
“si Dios quiere”, “como Dios quiera”, “gracias a Dios”… o el más añejo:
“con Dios…”. Y es una lástima. Todo ello forma parte de una inevitable
inculturación del lenguaje actual en coordenadas y paradigmas
secularizados, secularistas o laicas, si quieremos. La “cultura” en su
acepción más profunda y amplia, arrastra también hacia un lenguaje que
hoy llamaríamos “postmoderno”, o “tardomoderno”.
Por Jesús Garmilla

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