La fiesta que hoy celebramos los
cristianos es incomprensible y hasta disparatada para quien desconoce el
significado de la fe cristiana en el Crucificado. ¿Qué sentido
puede tener celebrar una fiesta que se llama “Exaltación de la Cruz” en
una sociedad que busca apasionadamente el “confort” la comodidad y el
máximo bienestar?
Más de uno se preguntará cómo es posible
seguir todavía hoy exaltando la cruz. ¿No ha quedado ya superada para
siempre esa manera morbosa de vivir exaltando el dolor y buscando el
sufrimiento? ¿Hemos de seguir alimentando un cristianismo centrado en la agonía del Calvario y las llagas del Crucificado?
Son sin duda preguntas muy razonables que necesitan una respuesta clarificadora. Cuando los cristianos miramos al Crucificado no ensalzamos el dolor, la tortura y la muerte, sino el amor, la cercanía y la solidaridad de Dios que ha querido compartir nuestra vida y nuestra muerte hasta el extremo.
Por José Antonio Pagola

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