Aunque pueda parecer mentira, en pleno siglo XXI en el estado indio de Karnataka pervive una tradición ancestral, cuyo origen histórico y raíces son difíciles de establecer, por la que algunas mujeres, niños y niñas de la casta más baja, se ofrecen a las diosas Yallamma o Hulgamma, para ayudar al sacerdote en las ofrendas a las diosas. Las creencias y supersticiones, alimentadas por la pobreza y la ignorancia, llevan a muchas familias a hacer esta ofrenda a los templos para librarse de los males que les afectan. Los motivos son tantos como problemas pueda haber en unas comunidades castigadas por la miseria y sometidas al capricho de los más poderosos.
Las víctimas peor paradas en esta tradición son las mujeres y las niñas. Además de estar condenadas a vivir en los templos, una vez alcanzada la pubertad se convierten en propiedad pública. En el pueblo o aldea al que pertenezcan, pueden ser dedicadas a satisfacer sexualmente a un hombre, generalmente el jefe del pueblo, o a tantos hombres como deseen. Una mujer devadasi nunca puede negarse a los favores sexuales. Tampoco puede casarse. Las creencias aseguran que, si lo hace, la diosa llevará la desgracia a sus parientes cercanos. Y cuando muere, se reencarna en un miembro de su propia familia. Así, el sistema devadasi persiste generaciones.
Las víctimas peor paradas en esta tradición son las mujeres y las niñas. Además de estar condenadas a vivir en los templos, una vez alcanzada la pubertad se convierten en propiedad pública. En el pueblo o aldea al que pertenezcan, pueden ser dedicadas a satisfacer sexualmente a un hombre, generalmente el jefe del pueblo, o a tantos hombres como deseen. Una mujer devadasi nunca puede negarse a los favores sexuales. Tampoco puede casarse. Las creencias aseguran que, si lo hace, la diosa llevará la desgracia a sus parientes cercanos. Y cuando muere, se reencarna en un miembro de su propia familia. Así, el sistema devadasi persiste generaciones.

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