Con los años, Consuelo Pachón descubrió que de nada servía andar regañando y censurando constantemente el comportamiento de sus alumnos. Se estrenó hace 22 años como profesora del colegio García Márquez, en Altos de Cazucá, un barrio a las afueras de Bogotá (Colombia). “Cuando vi la escuela, exclamé: ‘Ay virgen santísima”. Entonces no tenía paredes de ladrillo, baños o sillas. Los niños se sentaban en cajas de fruta.
“En la universidad no te enseñan a lidiar con esto”, asegura. Poco a
poco, se fue dando cuenta de que era mucho más valioso el refuerzo
positivo que las riñas. “Están acostumbrados a que en su entorno, en sus
propias casas, les digan que no van a ser capaces de hacer cosas.
Nosotros tenemos un grito: ‘Sí se puede’. Cuando un alumno dice que no
consigue algo, el resto le corea la consigna”, explica por teléfono en
un receso de su clase.
Por Pablo Linde
Foto de Salva Campillo

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