Continuamos compartiendo nuestra lucha diaria con ustedes con la esperanza de que nuestro grito pueda ser escuchado en todo el mundo.
Somos como el hombre ciego de Jericó (Mc 10, 46-52), el cual no tenía
más que su voz para implorar misericordia a Jesús. Aunque algunas
personas lo ignorasen otras lo escucharon y lo ayudaron. ¡Nosotras
contamos con personas que nos escuchen!
Estamos comenzando la tercera semana de desplazamientos. Las cosas se
mueven muy lentamente en cuanto a lo que se refiere a proporcionar
refugio, alimentos y necesidades básicas para las personas. Todavía hay gente que vive en las calles.
Todavía no hay campamentos organizados fuera de las escuelas que se
utilizan como centros de refugiados. Un edificio de tres plantas aún sin
acabar también ha sido utilizado como refugio. Para salvaguardar su
privacidad en este edificio inacabado las familias han dividido los
espacios en habitaciones utilizando láminas de plástico. Estos lugares
parecen establos.

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