Hoy no iré a clase, no lo haré ya más,
después de varios decenios haciéndolo, y los últimos en esta ciudad. Ya
no enseñaré a Descartes o a Kant, a ninguno de los grandes pensadores de
la humanidad. ¿Nostálgico?, no, decididamente no; ha sido una decisión
voluntaria. En muy poco tiempo no podría seguir haciéndolo aunque
quisiera, pues la nueva Ley que este curso se pone en marcha, no dejará
lugar alguno para el pensamiento, dará el último paso para desterrarlo
de la enseñanza. Progresivamente se han ido introduciendo medidas para
dejar a la filosofía fuera. La máxima en la que Kant cifraba el ideal
ilustrado, pensar por uno mismo, no es ya la de ninguno de los
gobernantes, de distinto color, que se han ido sucediendo. Todos parecen
estar de acuerdo que todo lo que no sea utilitario, estrictamente
funcional debe ser excluido. Y siguiendo ese esterilizante criterio lo
que habría de ser una amplia formación del individuo, esa que le tornara
en un ser complejo y crítico en lo que afecta a entendimiento y
sensibilidad a través de los inicios en los hitos de nuestra cultura, en
la ciencia, arte, filosofía... va dejando su lugar a una especie de
adquisición de habilidades de diferente nivel para el empleo. Una
estrecha adaptación del individuo a las exigencias más inmediatas del
mercado, al menos tal como interpretan algunos tales exigencias.
Por Jorge Álvarez Yagüe

1 comentario:
He leído el artículo del profesor y colega Jorge Álvarez Yagüe. Me siento orgulloso de que haya profesores -aún jubilados por iniciativa propia- que piensen de esta manera, que sean capaces de transmitirlo de forma tan radical y reflexiva. Estoy de acuerdo con la letra y el espíritu del artículo. Sigo en activo pero con la conciencia de que la enseñanza, en España, está dejada a su suerte.
Publicar un comentario