Es el mayor reto que hoy tiene la educación. Y no deja de ser difícil, porque una y otra vez se ha definido a nuestra sociedad como la era del consumismo. Educar para ser y no para tener puede resultar una tarea titánica, pero es la que da respuesta a las necesidades reales de la persona, cuyo valor no depende nunca de lo que posee, del efectivo de su cuenta bancaria, de lo que es capaz de consumir, sino que está vinculado a lo que le define, a su esencia, a su ser persona.
Educar para ser es educar para la felicidad, para sacar de cada uno su mejor "yo", para ayudarle a desarrollar todas sus Inteligencias y posibilidades, para facilitarle el descubrimiento de que la felicidad radica en la entrega de uno mismo, porque hay mucha más alegría en dar que en recibir (Hechos, 20,35)
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