Carta nº 232 Abril 1902
“… le doy las gracias por lo mucho que pide por mí. Yo también pido por
usted todos los días, pero de una manera especial pedí en esos días de gran “Aleluya”
Es un buen día
para dar las gracias a todos los que piden por mí. Y cuando acabo de escribir
esta frase me doy cuenta de lo dichoso que soy al poder decirlo. Creo que es un
don que recibo de los demás y que me contagia a hacer lo mismo por los demás,
me gusten más o no, o quizá más por aquellos que me cuesta más
De
pequeño aprendí que “es de bien nacido el ser bien agradecido” por eso dar las
gracias por lo mucho o poco, por lo grande o pequeño que alguien puede hacer
por ti es de bien nacido.
Y
como dice nuestra M. Cándida, hay momentos especiales para pedir, para dar
gracias para perdonar,… Hoy es uno de esos momentos donde coincidimos después
de 112 años, es un momento de Pascua, de Aleluya, donde resuena lo que Juan nos
contaba ayer. Es un evangelio que genera esperanza, confianza, tranquilidad.
Que nos descubre la relación íntima entre fe y obras. Que nos vuelve a recordar
que Jesús es el faro de nuestra vida.
Hoy
quiero pedir por todos los enfermos del colegio, de mi familia, por todos los
que están despistados, agobiados,… para decirles que hay respuesta, que Dios es
respuesta a todo eso, que basta con levantar la cabeza, elevar esos hombros, sonreír
aún con lágrimas en los ojos o dolor en el corazón, sí, sonreír y seguir al que
es camino verdad y vida.
Porque
hay veces que busco respuestas donde no están, porque hay veces que mi camino
no es el bueno, porque hay veces que mi verdad no es su verdad y porque hay
veces que mi vida no es vida. Y ahí es donde aparecen la tristeza, el agobio,
las dudas, la mentira.
Y,
por supuesto, hoy es un día para dar gracias por esa presencia a través de la
oración, porque se nota, se siente y se agradece.

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