19 mayo 2014

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 232

Carta nº 232     Abril 1902
“… le doy las gracias por lo mucho que pide por mí. Yo también pido por usted todos los días, pero de una manera especial pedí en esos días de gran “Aleluya”

            Es un buen día para dar las gracias a todos los que piden por mí. Y cuando acabo de escribir esta frase me doy cuenta de lo dichoso que soy al poder decirlo. Creo que es un don que recibo de los demás y que me contagia a hacer lo mismo por los demás, me gusten más o no, o quizá más por aquellos que me cuesta más

            De pequeño aprendí que “es de bien nacido el ser bien agradecido” por eso dar las gracias por lo mucho o poco, por lo grande o pequeño que alguien puede hacer por ti es de bien nacido.

            Y como dice nuestra M. Cándida, hay momentos especiales para pedir, para dar gracias para perdonar,… Hoy es uno de esos momentos donde coincidimos después de 112 años, es un momento de Pascua, de Aleluya, donde resuena lo que Juan nos contaba ayer. Es un evangelio que genera esperanza, confianza, tranquilidad. Que nos descubre la relación íntima entre fe y obras. Que nos vuelve a recordar que Jesús es el faro de nuestra vida.

            Hoy quiero pedir por todos los enfermos del colegio, de mi familia, por todos los que están despistados, agobiados,… para decirles que hay respuesta, que Dios es respuesta a todo eso, que basta con levantar la cabeza, elevar esos hombros, sonreír aún con lágrimas en los ojos o dolor en el corazón, sí, sonreír y seguir al que es camino verdad y vida.

            Porque hay veces que busco respuestas donde no están, porque hay veces que mi camino no es el bueno, porque hay veces que mi verdad no es su verdad y porque hay veces que mi vida no es vida. Y ahí es donde aparecen la tristeza, el agobio, las dudas, la mentira.


            Y, por supuesto, hoy es un día para dar gracias por esa presencia a través de la oración, porque se nota, se siente y se agradece.

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