Carta nº 231 Marzo
1902
“Dichosa ella mil veces, que pasó de esta mísera tierra a su patria,
donde espero estará gozando de la divina presencia”
Hablar
de la muerte no es fácil, y menos en primavera. Pero hablar de la forma que
habla la M. Cándida, se puede hasta hacer en mayo. Porque entiende la vida como
una situación de paso, donde cuanto más ligeros de equipaje vayamos, mejor para
la despedida.
Nos
sobra de todo, y sin embargo seguimos manteniendo en los armarios las cosas “por
si acaso”, “por si adelgazo”, “por si... “Y seguimos pensando que es mejor
hacer esto que darla a quien la pueda utilizar. Porque simplemente se nos
olvida que esta tierra mísera y grande es sólo de paso, porque se nos olvida
que nuestra patria no es este país, ni siquiera este mundo. Porque nuestra
auténtica patria es construir aquí lo que nos espera allá. Porque eso es gozar
de la presencia de Dios, mejor, eso es hacer gozar a los demás de la presencia
del que anunciamos.
No
sé si lo lograré, pero me comprometo desde hoy a aligerar mi equipaje, a
revisar esos armarios donde sobran cosas del “por si” y también a revisarme ( y
esto es más difícil) para aliviar mi armario personal y poder sonreír un poco más
estando más ligero de actitudes innecesarias y poco cristianas.
Y
algo de esto debe ser la Pascua. Algo distinto, una forma diferente de afrontar
la vida, la misma que afrontan todas las personas cuando se levantaron esta
mañana de un 12 de mayo de 2014. Eso es vivir la Pascua.
Y
en esa patria a la que llegaremos será donde Jesús, el pastor, nos llamará por nuestro
nombre, porque nos abrirá la puerta, la última puerta. Y mientas tanto nos
regala la libertad de entrar y salir, de acertar y equivocarnos, hasta que podamos
disfrutar de la presencia del que no deja de querernos.
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