12 mayo 2014

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 231

Carta nº 231      Marzo 1902
“Dichosa ella mil veces, que pasó de esta mísera tierra a su patria, donde espero estará gozando de la divina presencia”

            Hablar de la muerte no es fácil, y menos en primavera. Pero hablar de la forma que habla la M. Cándida, se puede hasta hacer en mayo. Porque entiende la vida como una situación de paso, donde cuanto más ligeros de equipaje vayamos, mejor para la despedida.

            Nos sobra de todo, y sin embargo seguimos manteniendo en los armarios las cosas “por si acaso”, “por si adelgazo”, “por si... “Y seguimos pensando que es mejor hacer esto que darla a quien la pueda utilizar. Porque simplemente se nos olvida que esta tierra mísera y grande es sólo de paso, porque se nos olvida que nuestra patria no es este país, ni siquiera este mundo. Porque nuestra auténtica patria es construir aquí lo que nos espera allá. Porque eso es gozar de la presencia de Dios, mejor, eso es hacer gozar a los demás de la presencia del que anunciamos.

            No sé si lo lograré, pero me comprometo desde hoy a aligerar mi equipaje, a revisar esos armarios donde sobran cosas del “por si” y también a revisarme ( y esto es más difícil) para aliviar mi armario personal y poder sonreír un poco más estando más ligero de actitudes innecesarias y poco cristianas.

            Y algo de esto debe ser la Pascua. Algo distinto, una forma diferente de afrontar la vida, la misma que afrontan todas las personas cuando se levantaron esta mañana de un 12 de mayo de 2014. Eso es vivir la Pascua.

            Y en esa patria a la que llegaremos será donde Jesús, el pastor, nos llamará por nuestro nombre, porque nos abrirá la puerta, la última puerta. Y mientas tanto nos regala la libertad de entrar y salir, de acertar y equivocarnos, hasta que podamos disfrutar de la presencia del que no deja de querernos.



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