12 abril 2014

Segundo Congreso, en el Vaticano, contra el tráfico humano

Un artículo de Alfa&Omega:
La Iglesia y la policía, de la mano contra la trata
La Academia Pontificia de las Ciencias vuelve a reunir, desde ayer, a expertos en la lucha contra la trata de personas. Esta vez, la propuesta llega desde el Episcopado inglés, cuyo modelo de colaboración con la policía ha aumentado el número de mujeres «que se salvan de las bandas criminales», como señala el arzobispo de Westminster, cardenal Nichols. En España, las Religiosas Adoratrices colaboran con la policía, desde los años 90, en la detección de víctimas, y, desde hace un año, la acompañan en las redadas a los locales «para estar con las chicas desde el minuto cero», señala Ana Almarza, directora del Proyecto Esperanza
Las Religiosas Adoratrices acompañan a la Policía
durante las redadas, para localizar a las víctimas de trata
Malaika tenía 18 años cuando llegó a España. La joven, que vivía con su madre y su hermano en la República Democrática del Congo, estudiaba y ganaba algo de dinero para ayudar a su familia haciendo de modelo en tiendas de ropa. «Un día, en un desfile, conocí a una señora que me ofreció la posibilidad de viajar a Europa para conseguir trabajo como modelo y ganar mucho dinero. La única condición era que no se lo podría contar a nadie», cuenta la mujer, años después. Aceptó, porque «mi familia no tenía nada, y quería ayudar», explica. Después de un viaje a Marruecos con un pasaporte falso y varios días de autobús, Malaika llegó a Madrid. «Aquella señora, en la que yo confiaba, me llevó a una casa con otras dos chicas y me encerró en la habitación, después de decirme que tenía que ejercer la prostitución y amenazarme con que matarían a mi madre si me escapaba». La joven estuvo encerrada durante meses entre esas cuatro paredes, a las que sólo accedían los clientes. En un descuido de sus captores se escapó, y tras muchas horas corriendo y pidiendo ayuda -en francés, ya que no sabía español- encontró a un joven congoleño que la llevó a su casa, y de ahí, a un centro de atención social a inmigrantes (CASI), que la derivó hasta el Proyecto Esperanza. Esta organización, de las Religiosas Adoratrices, «se portó como mi familia. Me dieron casa, me ofrecieron cursos de castellano, de informática..., pero, sobre todo, recibí cariño y cuidados». La primera vez que volvió a hablar con su madre, supo que llevaban meses buscándola, «pero no le conté lo que me pasó, nunca se lo contaré. Se moriría de pena», afirma Malaika, que, tras solicitar asilo, vive en España con su marido y con su hija.
Ella tuvo la oportunidad de escapar de los traficantes. Pero no siempre es posible. Por eso, desde 2013, las religiosas tienen un acuerdo con la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales, de la Policía Nacional), gracias al cual acompañan a la policía a las redadas que realizan en locales y pisos clandestinos, «para atender, desde el minuto cero, a las víctimas de trata. Ayer mismo, dos de mis compañeras estuvieron, de madrugada, con la brigada nacional haciendo una redada en un local», señala Ana Almarza, religiosa adoratriz y directora del Proyecto Esperanza. «Nuestro trabajo es hablar con las mujeres, en entrevistas individuales, para ver cuál es su situación. Hay que crear un espacio de confianza, pero no es fácil en un ambiente tan crudo. Yo misma, cuando voy a las redadas, me llevo la imagen de santa María Micaela, nuestra fundadora, para que me dé fuerza», afirma.
La colaboración de las Adoratrices con la policía se remonta a los años 90. «Nos sentimos a gusto con ellas. Lo hacen muy bien: hablan a las chicas en su idioma y nos abren muchas puertas, también de cara a las denuncias. Y confían en nosotros», explica el Inspector Jefe del Centro de Inteligencia de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras, don José Nieto. Este trabajo en red consistía, hasta el año pasado -que se incorporaron al operativo desde el principio-, en una pronta llamada telefónica de la Policía al Proyecto Esperanza ,cuando encontraban a las víctimas en una redada. «Gracias a estas llamadas, hemos avanzado mucho en la persecución contra este crimen y este daño», señala Ana Almarza. Su trabajo conjunto también se materializa en la formación. «Siempre que damos charlas, tanto ordinarias como de especialización, invitamos al Proyecto Esperanza, porque entendemos que esto es un problema global, y queremos, como especialistas, tener el punto de vista de otra parte de la sociedad civil, porque todo suma», añade Nieto.
La Congregación de las Religiosas Adoratrices fue fundada en 1856 por María Micaela, una mujer madrileña entregada a cuidar de las prostitutas y víctimas de la trata. «Utilizamos la misma pedagogía de nuestra fundadora: creer en el poder transformador de Jesús Eucaristía. No hay ninguna mujer que, con este amor, no pueda recuperarse», explica la religiosa. Las Adoratrices «acompañamos a las mujeres que llegan al proyecto en todo su itinerario personal. También ofrecemos herramientas de trabajo -cursos de idiomas, formación profesional-, atención jurídica y sanitaria..., pero, sobre todo, mucho cariño, porque el corazón se cura con corazón, y estas mujeres vienen con mucho daño. Aunque son muy fuertes y resilientes», afirma.(...)
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