Me repito para reiterar y reafirmarme.
Sigo pensando, y lo pienso casi diariamente, que existen demasiados medios para pocos fines. Que en el mejor de los casos, al educación se reduce inexplicablemente a enseñar cosas y cosas sobre esos medios, que son más cosas y cosas, sin interrogar ni interrogarse sobre los fines. Es decir, perdimos el ideal, dejamos que se escapa, nos cautivó la torpe abundancia, quedamos atrapados en las cosas. Ya lo cantó, a su manera, Agustín de Hipona. Y con él muchos otros, que han hecho suyas sus palabras.
Los medios han cosificado, por otro lado, los fines. Los han envuelto en su mismo reino y se comparan en dignidad y cualidad con ellos. Lo cual le parece, a cualquier filósofo principiante, algo poco adecuado. Como mínimo.
- Tenemos y tenemos, nos llegan propuestas de más y más. Y nos vemos obligados a elegir y despejar. Algunas veces sólo por quitarnos cosas de encima y poder respirar tranquilamente.
- ¿Dónde están los objetivos a largo plazo, los objetivos últimos de la vida? Está bien pensar de aquí para mañana, para la próxima semana, con vistas a un año o a diez. Pero dónde están los objetivos últimos, para los cuales todo esto no son más que peldaños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario