31 marzo 2014

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 225

Carta nº 225  Diciembre 1901
“Ya le contestaré, pues no se ha podido con tanto “belén” como hay”

            Eso también ahora nos pasa mucho, Da igual el trabajo que sea o el momento que sea. Yo diría que estamos inmersos en un “belén continuo”. Y eso no es bueno ni par el alma ni para el cuerpo. Es cierto que de vez en cuando son inevitables, pero no siempre.

            Es bueno partir de la realidad, de las posibilidades, para desde ahí ir haciendo lo que se pueda. Hay veces que no se puede con todo, hay veces que simplemente no se puede, por eso es bueno dejar tiempo y espacios para poder respirar y “luego le contestaré”.

            Es preciso encontrar espacios para el silencio. Es preciso poner las figuras del belén en su sitio. Y así podremos escuchar la voz del Señor que nos  dice “ve”, como le dijo al ciego del evangelio de ayer. Es preciso encontrar esos momentos donde podemos preguntarnos ¿dónde me mandas hoy? Y siguiendo el evangelio de Juan vemos cómo Jesús no sólo le devuelve la vista física, sino que también le hace recuperar la de la fe. Pero me quedo con el trozo cuando Jesús

1.      Oye que le había expulsado
2.      Lo busca y lo encuentra
3.      Y se presenta
Vaya tres pasos más claros para hoy. Podemos cambiar el escenario, los personajes, pero no podemos cambiar lo importante: hacer lo que hace Jesús.

1.      Oímos, ¿oímos? ¿a quién oímos?
2.      Después de oír, ¿caminamos o esperamos? ¿buscamos hasta encontrar lo que buscamos? ¿nos damos la vuelta a la primera de cambio?
3.      ¿Nos presentamos? ¿Decimos son miedo lo que creemos?

Este es nuestro “belén” hoy. Y para que el “belén” no nos coma necesitamos tiempos y espacios para oír el silencio, oír a Jesús.

           



            

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