Carta nº 225 Diciembre
1901
“Ya le contestaré, pues no se ha podido con tanto “belén” como hay”
Eso también ahora
nos pasa mucho, Da igual el trabajo que sea o el momento que sea. Yo diría que
estamos inmersos en un “belén continuo”. Y eso no es bueno ni par el alma ni
para el cuerpo. Es cierto que de vez en cuando son inevitables, pero no
siempre.
Es
bueno partir de la realidad, de las posibilidades, para desde ahí ir haciendo
lo que se pueda. Hay veces que no se puede con todo, hay veces que simplemente
no se puede, por eso es bueno dejar tiempo y espacios para poder respirar y
“luego le contestaré”.
Es
preciso encontrar espacios para el silencio. Es preciso poner las figuras del
belén en su sitio. Y así podremos escuchar la voz del Señor que nos dice “ve”, como le dijo al ciego del
evangelio de ayer. Es preciso encontrar esos momentos donde podemos
preguntarnos ¿dónde me mandas hoy? Y siguiendo el evangelio de Juan vemos cómo
Jesús no sólo le devuelve la vista física, sino que también le hace recuperar
la de la fe. Pero me quedo con el trozo cuando Jesús
1.
Oye que le había expulsado
2.
Lo busca y lo encuentra
3.
Y se presenta
Vaya tres
pasos más claros para hoy. Podemos cambiar el escenario, los personajes, pero
no podemos cambiar lo importante: hacer lo que hace Jesús.
1.
Oímos, ¿oímos? ¿a quién oímos?
2.
Después de oír, ¿caminamos o esperamos? ¿buscamos hasta
encontrar lo que buscamos? ¿nos damos la vuelta a la primera de cambio?
3.
¿Nos presentamos? ¿Decimos son miedo lo que creemos?
Este es
nuestro “belén” hoy. Y para que el “belén” no nos coma necesitamos tiempos y
espacios para oír el silencio, oír a Jesús.
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