03 febrero 2014

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 217

Carta nº 217    Octubre 1901
“Usted allá a solas con Dios, pues Él sabe todos nuestros deseos”

            ¿Cuántas veces haría esto mismo la M. Cándida! ¡Cuánta falta me hace! Y lo poco que lo hago.

            Estar a solas con Dios es estar a solas contigo mismo y escucharte y escucharle. Pero con la excusa del ritmo que llevamos perdemos oportunidades de ese rato de silencio donde Dios está a solas contigo. Estar a solas con Dios no sólo es estar a solas en una capilla, que lo es; es también estar a solas paseando, es estar a solas en el coche o sentado en un banco viendo pasar la gente. Lo importante es estar a solas con Él para que por dentro encontremos respuestas que el ruido y la masa no te puede ofrecer nunca.

            Y eso recomienda la M. Cándida. Gracias por recordármelo. Lo necesitaba. Sobre todo cuando algo se agita por dentro. Sobre todo cuando sobran las palabras y solo queda aceptar, crecer y vivir con lo que la vida te ofrece, que es bueno.

            Porque, a pesar de lo que algunas veces podamos pensar, Dios conoce nuestros deseos. Por eso su respuesta no es algo externo, no es una receta que sirve para todos. No. Su respuesta es algo que va directamente a cada uno de nosotros. Y responde sabiendo lo que deseamos, pero sobre todo responde sabiendo perfectamente lo que necesitamos.

            Pasado mañana es Santa Águeda. Es muy querida en mi pueblo. Por eso me adelanto a la festividad para recordar  su firmeza, su confianza absoluta en Dios de quien se había fiado. Y probablemente disfrutó de esos momentos “a solas con Dios”, y de esos momentos sacó su fuerza. Animo a leer su historia (santaaguedadecatral.blogspot.com).

            Y así nos hemos metido en otro mes, otra oportunidad para que no se nos pase encontrar momentos para estar a solas con Dios.
           


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