Carta nº 204 Marzo 1901
“Dios nuestro Señor le dará paciencia para sufrir esos días”
El lunes pasado
fue una invitación a descubrir la prudencia, y hoy la M. Cándida nos invita a
redescubrir la paciencia. Y me pregunto: ¿Por qué la paciencia va casi siempre
unida al dolor, al sufrimiento?
La
M. Cándida sabe mucho de este asunto, de esperar un poco o mucho para intentar hacer
las cosas que quiere y no poder hacerlas, de querer viajar donde la esperan y
no poder moverse del lugar donde se encuentra. Sabe de esperas pacientes. Y
ante estos aparentes problemas saca oportunidades para hacer otras cosas, o
simplemente rezar y pedir por todos los que puedan necesitar su oración, y
desde las cartas a las conversaciones aprovecha lo que la escasa salud le ofrece.
Ante
el sufrimiento hay que reaccionar y aceptar. Ante el sufrimiento personal hay
que aceptar, caminar y transformarlo. Y en este proceso es indispensable la
paciencia, esa paciencia activa que pone en manos de Dios aquello que se escapa de nuestras manos. Y que
además pone en manos de otros hermanos aquello que necesita lograr.
Ayer,
en la carta de Lucas, vuelve a salir el “no tengáis miedo, mejor dicho, no
tengáis pánico”. Ante el sufrimiento, no hay miedo, hay confianza en quien nos
entiende. Sobran las palabras en estas situaciones, y si hicieran falta, “yo os
daré palabras y sabiduría”. Y a nosotros nos corresponde la “perseverancia”.
Después de leer de nuevo el Evangelio y releer el comentario de José Luis Cortés,
me quedo con el propósito de cambiar aquello que puedo, de intentar cambiarme a
mí y luego lo que pueda.
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