Carta nº 199 Diciembre 1900
“… pues en todo debemos ver la mano de Dios, que todo lo dispone para
nuestro bien… “
Se estaba acabando
el año 1900 y, aunque siempre es bueno hacer balance, la M. Cándida expresa una
vez más su forma de ver la vida en estas fechas. Y expresa que siempre esta
Dios en todo, y que su presencia siempre es para bien (aunque a veces no lo
veamos, sintamos o comprendamos).
La
mano de Dios es la de la palma abierta, la del abrazo, la del ánimo. La mano de
Dios es esa que agradeces cuando estás mal o simplemente cuando estás un poco
“escacharrao”. Hoy es un día importante donde Dios pone su mano para que dos
buenas personas salgan bien de sus operaciones. Y en estos momentos, saco a
relucir unas palabras de Francesc Torralba cuando dice:” la existencia es un
don de esta naturaleza. Aunque uno se lo proponga, no puede devolver ese don a
sus progenitores. No puede engendrarlos. Tampoco puede salvarlo de la muerte.
En ocasiones, ni siquiera puede prolongar un segundo sus existencias”. Es Dios,
quien con su mano cuida y acompaña.
Nuestras
manos también son manos de Dios. Por eso debemos ponerlas al servicio del
evangelio, desde nuestra pobreza y torpeza. Pero sin complejos ni
encogimientos. Ponerlas al servicio de aquellos que están a nuestro lado y que
pos piden ayuda.
Y
con todo ello, una certeza de Padre que quiere sin límite: todo para nuestro
bien. Y esto me lleva a plantear que todo lo que hacemos o hagamos debe ser
para el bien. Ser “hombre que pasaron haciendo el bien”.
Ver
la mano de Dios es reconocerle en las pequeñas cosas del día a día, en esos
pequeños detalles que parecen insignificantes y que marcan el resto del día o
de la semana. Ver la mano de Dios en todo y actuar con ese ejemplo.
Ánimo,
que Dios nos quiere y nos cuida. Que su mano siempre nos acompaña. Que su mano
siempre nos sana como sanó a los leprosos del pueblo entre Samaria y Galilea,
aunque a veces (una de diez) no nos acordemos de darle las gracias.

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