14 octubre 2013

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 199

Carta nº 199     Diciembre 1900
“… pues en todo debemos ver la mano de Dios, que todo lo dispone para nuestro bien… “

            Se estaba acabando el año 1900 y, aunque siempre es bueno hacer balance, la M. Cándida expresa una vez más su forma de ver la vida en estas fechas. Y expresa que siempre esta Dios en todo, y que su presencia siempre es para bien (aunque a veces no lo veamos, sintamos o comprendamos).

            La mano de Dios es la de la palma abierta, la del abrazo, la del ánimo. La mano de Dios es esa que agradeces cuando estás mal o simplemente cuando estás un poco “escacharrao”. Hoy es un día importante donde Dios pone su mano para que dos buenas personas salgan bien de sus operaciones. Y en estos momentos, saco a relucir unas palabras de Francesc Torralba cuando dice:” la existencia es un don de esta naturaleza. Aunque uno se lo proponga, no puede devolver ese don a sus progenitores. No puede engendrarlos. Tampoco puede salvarlo de la muerte. En ocasiones, ni siquiera puede prolongar un segundo sus existencias”. Es Dios, quien con su mano cuida y acompaña.

            Nuestras manos también son manos de Dios. Por eso debemos ponerlas al servicio del evangelio, desde nuestra pobreza y torpeza. Pero sin complejos ni encogimientos. Ponerlas al servicio de aquellos que están a nuestro lado y que pos piden ayuda.

            Y con todo ello, una certeza de Padre que quiere sin límite: todo para nuestro bien. Y esto me lleva a plantear que todo lo que hacemos o hagamos debe ser para el bien. Ser “hombre que pasaron haciendo el bien”.

            Ver la mano de Dios es reconocerle en las pequeñas cosas del día a día, en esos pequeños detalles que parecen insignificantes y que marcan el resto del día o de la semana. Ver la mano de Dios en todo y actuar con ese ejemplo.


            Ánimo, que Dios nos quiere y nos cuida. Que su mano siempre nos acompaña. Que su mano siempre nos sana como sanó a los leprosos del pueblo entre Samaria y Galilea, aunque a veces (una de diez) no nos acordemos de darle las gracias.

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